Las
bicicletas del artista plástico ganaron la calle con sus
historias de ausencia y merecieron el primer premio del Salón
Nacional de Rosario 2003
Una noche de marzo de 2001 Fernando Traverso dejó estampada
sobre las paredes de una casa aledaña a la suya la imagen
de una bicicleta. Cuidó que nadie advirtiera su presencia
para que a la mañana siguiente, al despuntar el alba, la
gente se encontrara con esa imagen nueva aparecida en su paisaje
habitual y cotidiano, puesta vaya uno a saber por quién.
Casi tres años después, mientras abre un álbum
donde guarda el registro fotográfico de cada una de esas
intervenciones urbanas, Traverso recuerda aquella incursión
nocturna como el inicio de un proyecto que lo llevaría
a repetir trescientos cincuenta veces el mismo gesto sobre el
mapa urbano de la ciudad.
Fernando Traverso viene de recibir por esa obra el Primer premio
en el 57º Salón Nacional de Rosario, el más
importante galardón del campo de la plástica local,
un reconocimiento que el jurado conformado por especialistas y
críticos no dudó en otorgar y que de algún
modo confirma la calidad y la coherencia de su proyecto estético.
"Yo no me propuse hacer arte urbano -cuenta Traverso- sino
que fue algo que fue surgiendo de a poco. Venía trabajando
con las bicicletas, tomándolas como un ícono desde
finales de los años 90 y ellas mismas me fueron llevando
a instalarlas en el espacio urbano. A medida que las iba plasmando
sobre paredes, muros y esquinas de la ciudad, fui descubriendo
de qué modo esas presencias que físicamente estaban
en el límite de lo corpóreo y lo intangible, iban
abriendo el sentido de diferentes historias e interrogantes para
cada uno de aquellos que las veían. Pude así confirmar
que su irrupción producía una modificación
significativa en el paisaje cotidiano que invitaba a que quien
las veía se preguntara por el origen y la razón
de esa presencia enigmática: ¿quién dejó
allí esa bicicleta?, ¿quién es o era su dueño?,
¿qué interrumpió su marcha?, ¿a quién
espera allí detenida?, son algunas de las tantas preguntas
que ellas provocan cuando se las descubre".
Las bicicletas de Traverso recorren casi todo el espacio urbano
de la ciudad de Rosario, están puestas sobre el frente
de escuelas, en las inmediaciones de fábricas abandonadas,
en las paredes de lo que en algún momento fueron centros
clandestinos de detención. Su presencia presentifica historias
de ausencia que no son sólo políticas. "Siento
que esas imágenes poseen una fuerte carga nostálgica,
es indudable. Hay quienes al verlas evocan su infancia, en otros
despierta el recuerdo de amigos idos. Hace un tiempo atrás
un amigo que se había marchado al exilio me dijo que al
verlas le recordaba aquella bicicleta que él había
dejado en su casa familiar antes de emprender la huida. Otros
no pueden dejar de vincularla con la historia trágica de
Pocho Lepratti y los hechos del 20 y 21 de diciembre. Eso es lo
maravilloso de esta obra, su constante capacidad de resignificación
según quién la vea y en qué sitio de la ciudad
la descubra. Su poder nostálgico oficia como un disparador
de sentidos".
Traverso se formó artísticamente en nuestra ciudad
mirando con atención a dos artistas que para él
son una verdadera referencia: Juan Pablo Renzi y Graciela Sacco.
Con ambos hizo clínica de obra y en sus talleres aprendió
a conjugar de manera sutil los campos de la estética y
de la política. "Puedo decir que fue Renzi, allá
por los finales de los años 80, quien me ayudó a
pegar el gran salto. A partir de él fue que pude pensar
una obra que no tenía que resolverse necesariamente sobre
la tela de un cuadro. Por otra parte, las intervenciones urbanas
de Sacco abrieron también la dimensión de nuevas
búsquedas y interrogantes".
Aquí y allá.
La obra de las bicicletas genera constantemente historias. Traverso
ya está acostumbrado a que suene su teléfono y le
pidan que estampe una de sus imágenes sobre algún
sitio en particular, en el frente de una casa familiar, sobre
el muro de una fábrica. También las llamadas vienen
de otras ciudades. Se trata de viajeros que pasan por Rosario
y que al verlas quieren llevárselas a su propio paisaje.
"Una de las pocas bicicletas que hay fuera de Rosario está
en Retiro que es la puerta de entrada de aquel que llega a Buenos
Aires, la puse allí a modo de clave, un guiño para
los que salen de la ciudad y llegan a la capital, un modo de hacerles
sentir a través de esa imagen la fuerza de una presencia
conocida. Otra está en Resistencia donde tuvo lugar la
masacre de Margarita Belén".
Desde hace años el artista trabaja además en un
proyecto colectivo junto a dos artistas plásticos, Marita
Prieto y Daniel Perosio. En trámite, tal es el nombre con
que se dio conocer el grupo a partir del año 1999, es conocido
por la construcción de estructuras en hielo dejadas en
sitios significativos y que se van derritiendo lentamente frente
a la mirada de los que pasan por el lugar donde ellas han sido
instaladas. "Como las bicicletas, esa obra también
habla de ausencias, de lo corpóreo y lo intangible y es,
no cabe duda, profundamente urbana".
En estos momentos Traverso prepara la muestra individual que
presentará en marzo del 2004 en el Museo Castagnino, una
muestra en la que el protagonista central será el mismo
público y que girará en torno a imágenes
de bicicletas esta vez estampadas sobre telas a modo de estandartes.
Un giro en torno a una propuesta suya que en estos días
se está mostrando en el Centro Cultural Recoleta. Mientras
guarda las fotos de su álbum reconoce que se siente feliz
por todo lo que la obra ha despertado en la gente. "Ya hay
estudiantes de comunicación social, cineastas, grupos de
teatro y músicos que han tomado a mis bicicletas como tema.
No cabe duda, cada una de esas bicicletas acodadas en los muros
de la ciudad se ha echado a rodar en busca de su propio paisaje,
de su propio rumbo. Van siendo apropiadas de las maneras más
insospechadas. Vaya uno a saber las historias nuevas que me devolverán
en su infinito recorrido".